La Labor de nombrar la Nostalgia: sobre La Distancia es un Lugar de Amanda Hernández

Les llamo por sus nombres.
Encuentro paz en pronunciarlas.
Amanda Hernández 

            A finales de marzo, justo cuando la crisis del Covid-19 y sus consecuencias comenzaban a sentirse como un asunto directamente relacionados al pueblo de Puerto Rico, La Impresora publicó el poemario de Amanda Hernández La Distancia es un Lugar. Este libro forma parte de la colección de Trabajo de Poesía de La Impresora y es el tercer libro de Hernández. Una parte del desarrollo de este poemario se dio en el taller de textos de La Impresora- al cuál asistí. Durante el taller tuve el inmenso placer de ver como la obra de Amanda se desarrollaba. Tengo que admitir que adquirir el libro al principio de la cuarentena fue la mejor decisión. Es una inmensa causalidad que este libro saliera al público por primera vez dentro del contexto actual puertorriqueño.  Leerlo dentro del mismo le añadió una nueva dimensión al poemario.

            El libro comienza con un poema familiar para aquellos que siguen la obra literaria de Hernández. ‘Las Cosas Pequeñas’, publicado como poema suelto de La Impresora, funciona como introducción perfecta para el resto del poemario. Es en este poema que las imágenes y temas, que sirven como cimientos para el imaginario del texto, hacen su primera aparición. Amanda nos presenta simultáneamente imágenes como un grano de arena, los sueños y una cerveza, al lado de conceptos un poco más complejos como el espacio, la soledad, la nostalgia y la distancia.

            El texto presenta una nostalgia, una nostalgia profunda, que va desde la niñez hasta el momento actual puertorriqueño post-maría. Los poemas ‘Pedazo de Casa’ y ‘La Casa del Vecino’ trabajan esta nostalgia a la vez que pintan ambos lugares usando imágenes específicas que van construyendo un lugar concreto en la imaginación del lector. Un ejemplo de esto se encuentra en el poema ‘Pedazo de casa’ que comienza a hacer una lista de objetos: “madera amarilla/ marcos de puerta/ ojos llorosos/ fracturas que aún existen”, que contrasta con la lista de objetos de ‘La Casa del Vecino’: “un escritorio/ una silla de comedor acojinada/ y pedazos de madera para polillas. / también quedó tendido el tordo azul.”. Ambos lugares presentan una deconstrucción de estos y una mirada precisa, singular y contenida para poder mejor nombrar las particularidades y el contenido emocional que llevan ambos.

            Debemos recordar que tomarse la tarea de nombrar estas particularidades no es cosa fácil. Ya que, al pasar inventario, Hernández carga este imaginario de una nostalgia contagiosa. La tarea es solitaria y Amanda se encarga de llevar todo esto en el bolsillo, o en cajas llenas de polvo, o en la postura.  La distancia de la familia, amigos, y lugares se ve entre las páginas del libro. Hay una ternura en la voz del poemario, ternura y dolor, cosas que a veces van de la mano. El dolor del cambio que va junto al dolor de saber que las cosas no serán como antes- un dolor que ya en esta cuarentena se nos hace familiar. El texto parece decir: el cambio es inevitable pero aún así no significa que no duela. Mantener recuerdos e inmortalizarlos en su libro es una manera hermosa de brindarles homenaje. Me parece, que además de darles homenajes, Amanda se toma la ardua tarea de nombrar las cosas para reafirma que todavía le pertenecen.

por Agnes Sastre-Rivera


DOS POEMAS DE LA DISTANCIA ES UN LUGAR 

HOY CASA

Te amo pared porque en tu torso
abre ojos el tiempo
Marigloria Palma

Hoy me quedé en la casa con mis cosas.
Las paredes revelaron la crudeza del año.

Dejé afuera lo otro que se junta
los impulsos las consecuencias
la desembocadura.

Mar abierto entre el cuarto y la cocina.
Puerto sin cabotaje el balcón.
La costa entera en sus ventanas.

Me trasladé libremente.

Hoy me quedé en casa.
Mañana salgo.

INVENTARIO

En el grueso del dedo

una trampa china
un hueco.

En el hueco

una especifica ternura
un país.

En el país

una agenda gringa
un dolor.

En el dolor

las palabras
ombligo mar tropiezo casa cajita

las palabras
imperio colonia isla nación.

Luego del beso del antojo del trauma
lo que queda.

Contabilizar lo grande y pequeño que ocupa espacio.
Lo que dejaste de casa aunque no regresaste.

Hacer de bienes y de males inventario.


Agnes Sastre-Rivera (ella/elle) actualmente cursa sus estudios doctorales en el departamento de Literatura Comparada de Emory University. En el 2020 culminó su bachillerato en inglés con concentración en Literatura y una certificación de Estudios de Mujer y Género de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Agnes fue una de las fundadoras de Fractal Puerto Rico, un proyecto artístico y educacional. Ha organizado talleres de escritura creativa en escuelas públicas en Puerto Rico, festivales de literatura, y en grupos autogestionados. 


Amanda Hernández (San Juan, Puerto Rico, 1990). Poeta, editora y co-directora del proyecto La Impresora. Estudió literatura y gestión cultural en la Universidad de Puerto Rico. Ha publicado de forma independiente los siguientes proyectos: Entre tanto amarillo (2016), el momento de las cosas (2016), las cosas pequeñas (2017), Estrategias Atómicas (2018). En 2019 editó Memoriza: poemas para aprenderse de memoria, un juego de “memory” que al mismo tiempo es una antología de poesía puertorriqueña contemporánea. Su más reciente poemario, La distancia es un lugar, se publicó en 2020 bajo la colección Trabajo de Poesía de La Impresora.